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La noticia judicial en el Periodismo Radial: Por Karla Velezmoro

Nuestra colega y amiga periodista, comparte esta valiosa tesis presentada a la facultad de Comunicación Social de la Universidad Mayor de San Marcos




En la radio no sólo es imprescindible cubrir con inmediatez y en directo los hechos previsibles y sobre todo los imprevistos, también es importante adelantarse en la búsqueda, en la indagación, esto es, en la investigación informativa.
Tenemos que ser los primeros en dar a conocer los hechos, en levantar las noticias, en ofrecer lo novedoso. Estos objetivos nos llevan a descubrir temas y hechos de interés. Para ello tenemos que estar en permanente investigación informativa. Contar con el último dato de un hecho del que hablan los demás medios, tener la novedad de un proceso, adelantarse informativamente a los demás medios. Eso es lo que tratamos de hacer los reporteros radiales que cubrimos temas judiciales.
La veracidad es nuestra principal exigencia. La información tiene que estar corroborada y sin editorializaciones. La imparcialidad es otra de las exigencias. La información que brindemos debe ser objetiva y el lenguaje que utilicemos para darla a conocer debe ser el adecuado, de lo contrario, nuestra credibilidad puede salir perjudicada.
A lo que debemos apuntar, en suma, es a que nuestras noticias judiciales ofrezcan datos importantes y complementarios que muestren no sólo una posición sino todas las de los involucrados. Tienen, además, que estar bien contextualizadas, incluyendo siempre los antecedentes y, si se puede, las consecuencias del hecho informado.
Los periodistas judiciales venimos desempeñándonos óptimamente, pese a no contar con el apoyo y la preparación suficiente. Sin ser abogados dominamos conocimientos jurídicos básicos que nos permiten comprender con mayor facilidad lo que nos dicen los abogados y magistrados. Esta habilidad nos ha permitido en más de una ocasión defendernos de aquellos hombres de Derecho que pretenden engañarnos enredándonos con sus conocimientos, o peor aún, que sólo buscan ponernos en ridículo.
En cuanto a los magistrados, con el tiempo hemos logrado que respeten nuestro trabajo y que lo comprendan. Claro, eso no significa que todos ellos tengan las puertas abiertas de sus despachos. Sin embargo, al menos están dispuestos a contestarnos algunas preguntas cuando transitan por los pasillos, siempre y cuando se las formulen, como decimos nosotros, con conocimiento de causa. Los magistrados evitan informar, pero no son reacios a confirmar información que uno pueda tener.
Continuando con el tema de los magistrados, inicialmente fue muy duro conseguir su respeto a nuestro trabajo. Hoy esta figura ha cambiado aunque no totalmente. Y es que los cronistas judiciales hemos demostrado que somos conscientes de la labor que realizamos al manejar información judicial. Trabajamos cuidadosamente las notas que vamos a difundir o publicar.
Como podemos deducir, aunque aún contamos con ciertas limitaciones y dificultades en nuestra labor diaria, vamos ganando terreno. Se nos permite el ingreso a algunas sedes del Ministerio Público y el Poder Judicial, lo que antes era imposible. Y en el caso de que nos lo impidan, nos la ingeniamos y, finalmente entramos a cualquier de estos locales utilizando nuestro DNI y escondiendo -o mejor dicho camuflando- nuestra herramienta de trabajo: la grabadora.
Los cronistas judiciales también hemos conseguido, gracias a nuestra insistencia y paciencia, que algunos jueces y fiscales acepten brindar declaraciones, aunque sean "off the record". En la mayoría de los casos, los magistrados acceden a otorgarnos información sobre tal o cual caso, siempre y cuando, uno se comprometa a no citarlo.
Estos logros se han alcanzado a partir de la observación exhaustiva a la que ha sido y es sometida constantemente nuestra labor diaria, además de la preocupación y la profesionalidad que hemos demostrado los cronistas judiciales. Y en este punto, me refiero a la que hemos desarrollado un grupo de cerca de quince periodistas que, pese a todo, hasta en los momentos más difíciles y apremiantes, nos hemos mantenido firmes en nuestros principios y en nuestros intentos por informar lo más objetivamente posible.
En mi caso, considero que CPN le ha empezado a dar a las notas judiciales la importancia que merecen a partir del caso de Vladimiro Montesinos. Su preocupación ha sido tal que se decidió designar a tres personas para que diéramos una amplia cobertura a esta fuente de información, dos para el Poder Judicial (mañana y tarde) y uno para el Ministerio Público. Y es que a diferencia de años anteriores actualmente este tipo de noticias se ha ganado un espacio. Los juicios contra el ex asesor presidencial que van en aumento y los tentáculos de la red de corrupción "fujimontesinista" (1) en todos los niveles ha despertado el interés de la audiencia. No sólo el público desea conocer quiénes formaron parte de ella y cómo se manejó este aparato de corrupción, sino que también quiere enterarse que quienes se beneficiaron de esta corrupción son juzgados y sancionados. El caso Montesinos va para largo así que los cronistas judiciales tienen trabajo para dos o tres años más.
Es oportuno indicar que no sólo los casos judiciales deben centrar nuestra atención también debemos avocarnos a tratar temas como la falta de celeridad en la administración de justicia y las denuncias por pago de coimas o sentencias injustas. Es así como no debemos olvidar que los periodistas judiciales somos una especie de nexo entre el ciudadano y el jurista y, por ende, tenemos que ponerlos en comunicación a fin de que se entiendan.
En cuanto a mi labor; considero que, pese al tiempo, mantuve mi empeño en hacer mis despachos más claros y breves, además di un toque de color haciendo uso de la descripción y de las citas pintorescas. Si se trataba de una transmisión en directo, de un hecho que estaba ocurriendo en esos instantes, improvisaba; pero si se trataba de trabajar datos prefería escribir para evitar una eventual equivocación u olvido que podía ser mal interpretado. Hay que tener en cuenta que los temas judiciales son por lo general muy delicados y hay que manejarlos con pinzas.
Con el transcurso del tiempo, he variado mi estilo de informar. He utilizado todo tipo de entradas y toda clase de narraciones, desde la piramidal, pasando por la cronológica hasta la del poliedro. Esta libertad en mi trabajo, me permitió conocer cuál era la entrada que debía utilizar en determinado caso.
En estos últimos años dedicados exclusivamente a cubrir ambas fuentes, he informado sobre diferentes temas: reforma del Poder Judicial; situación carcelaria; casos judiciales sonados, tanto políticos como del espectáculo.
Sobre la marcha he aprendido a investigar y a ser cuidadosa con los datos que manejo. Cruzar información para verificar la información que me han brindado mis fuentes es prácticamente mi labor diaria.
Asimismo, en la práctica y con un poco de preocupación he adquirido conocimientos básicos sobre Derecho, lo que ha facilitado enormemente mi trabajo. Conocer cuáles son las etapas de un proceso penal y un juicio ayudan a adelantar en la búsqueda de información.
Pero, sobre todo, he aprendido a hacer más digeribles para los radioyentes, temas que usualmente son complejos. Ello se logra utilizando un lenguaje común a todos y, especialmente, poniéndonos en el lugar de los radioescuchas.
El tiempo es un factor que no siempre juega a nuestro favor, generalmente se torna un inconveniente. Podría conseguir mayor información y tocar temas humanos si contara con este elemento vital. Pero, realmente, conforme pasan los años nos vamos dando cuenta que el tiempo para los despachos se hace cada vez más corto, sea por la estructura establecida en los bloques y los programas o por la publicidad.

¿Hasta dónde podemos informar?
En este capítulo nos referiremos no sólo a las limitaciones y/o restricciones que tenemos para obtener información judicial, sino, también a los viejos conflictos que mantenemos con los magistrados en nuestra búsqueda diaria de la noticia.
IV.1.1."Los juicios paralelos de la prensa".
Por propia confesión de algunos magistrados (fiscales, jueces y vocales) suelen sentirse presionados por la información y por las opiniones que publica o difunde la prensa sobre los casos que ellos ventilan. Su negativa a colaborar con los periodistas se ve amparada no precisamente en las Leyes Orgánicas del Poder Judicial y del Ministerio Público que velan por la reserva del proceso, sino, en otros documentos.
Se trata de circulares emitidas tanto por el Poder Judicial como por el Ministerio Público. En el caso del primero, la circular fue establecida hace treinta años y reactivada en 1995 por Sala Plena encabezada por el entonces presidente de la Corte Suprema, Moisés Pantoja. En este documento, se prohíbe a los magistrados formular declaraciones sobre los casos que son de su conocimiento. Ni siquiera el presidente de la Corte de Lima puede brindarlas, salvo autorización expresa del titular de la Corte Suprema. La circular es de cumplimiento obligatorio y tiene la finalidad de evitar declaraciones contradictorias, adelantos de opinión, y recusaciones. Aunque no es una resolución, su manejo es interno. Incluso, los magistrados que no cumplan con esta norma pueden ser sujetos a una investigación por la Oficina de Control de la Magistratura. Esta circular se mantiene vigente, hasta el momento no se ha dejado sin efecto.
En el caso del Ministerio Público, la circular fue emitida hace un par de años por la ex Fiscal de la Nación, Blanca Nélida Colán.
Pese a ello, los periodistas informamos, investigamos, interrogamos a testigos, vamos a las diligencias, nos formamos una conclusión sobre un caso judicial, aunque no la expresamos explícitamente. Esta labor molesta de sobremanera a algunos magistrados, sobre todo, a los supremos.
Quizás por eso, mantienen su renuencia a suministrarnos información, e incluso algunos llegan al extremo de impedir que otras fuentes puedan proporcionarnos los datos que ellos se niegan a brindarnos.
Algunos jueces nos acusan de interferir en sus investigaciones, y los periodistas los acusamos de restringir nuestra labor informativa. Ambas partes podemos tener algo de razón.
Para los periodistas, nuestra presencia garantiza una eficiente administración de justicia así como el derecho del público a estar bien informado. En tanto, que para los magistrados, nuestro trabajo constituye una interferencia que puede malograr la investigación, influenciar el criterio y la opinión.
En ese sentido, debemos tener en cuenta que el ejercicio de nuestra profesión nos conlleva deberes y obligaciones como el de informar de manera veraz, precisa, apegada a los hechos y acontecimientos que se describe.
Tenemos que respetar el derecho de la persona a la intimidad, la vida privada, el honor y la buena imagen así como el derecho a la presunción de inocencia.
De igual modo, debemos siempre apelar a nuestro criterio. Por ejemplo si una fuente confiable nos informa que se ha ordenado la detención de un importante personaje, es preferible aguantar lo más que se pueda la difusión de esta información. ¿Por qué? Porque puedes frustrar la captura. Si nadie tiene la información, guárdala hasta que se produzca la captura. Para la mayoría de los magistrados, la información periodística sobre los procesos judiciales debe ser mínima.
Como se puede ver, la cobertura periodística en la etapa de instrucción no es fácil, sin embargo, la hemos hecho. En lo que refiere a los juicios orales, no tenemos trabas porque se trata de audiencias públicas.
Sin embargo, tampoco podemos dejar de mencionar que hay magistrados que siempre están prestos a colaborar con los periodistas aunque sea dándonos a conocer el avance de los procesos. Tales son los casos de algunos jueces anticorrupción que off the record nos informan lo que pueden sin violar la reserva de todo proceso.
Al respecto, precisaremos que por lo general los cronistas judiciales, valiéndose de un "chupón", graban las llamadas telefónicas que realizan a sus fuentes, así sean magistrados. En mi caso, si decido grabar, lo hago para que no se me pase ni un detalle de lo que me está informando la fuente. Jamás utilizo la grabación y la emito al aire, teniendo en cuenta que son conversaciones que han sido registradas sin conocimiento y autorización de la persona implicada.
Pese a que contamos con una legislación que nos apoya aún tenemos que sortear algunos obstáculos.

Restricciones
Con las limitaciones de acceso, permisos y autorizaciones pertinentes para ejercer el periodismo judicial, la información de este tipo termina siendo asequible sólo al periodista de investigación.
El reportero radial lleva aquí las de perder. Primero por las propias características del medio de comunicación en el que labora y segundo por su forma de trabajo.
Como periodistas de radio, a diferencia de los de diario o de televisión (excepto Canal N), debemos mantener informados a los radioyentes sobre lo que está ocurriendo minuto a minuto en el Palacio de Justicia. Esto es, dar a conocer a través de las ondas radiales el momento en que un connotado personaje llega a los juzgados anticorrupción para ser interrogado por el caso Montesinos, el momento en el que se retira, las declaraciones que puede brindar o los incidentes que puedan ocurrir, además de colocar el micrófono con el logotipo de la radio cuando los reporteros de los canales de televisión están entrevistando.
Por tener que informar todos estos pormenores, nos vemos obligados a permanecer alerta en la puerta de los juzgados, por lo que no tengo tiempo - o simplemente no me alcanza- para poder averiguar sobre otros casos.
En este aspecto tienen una gran ventaja sobre nosotros los colegas de periódico, pues generalmente ellos aprovechan este lapso de tiempo para hacer sus indagaciones. Y es que los periodistas de diario no tienen por qué quedarse esperando como nosotros. Para ellos, conque la radio informe lo que sucede y grabe las declaraciones que puedan darse, es suficiente; ya que ellos pueden obtener toda esta información a través de la página web de nuestra radioemisora en la internet o simplemente pidiéndonos que le hagamos una breve reseña de lo sucedido y les prestemos las grabaciones.
Es así como ellos no sólo tienen todo lo que pasó si no que llevan algo más a su diario, lo que han indagado y averiguado mientras nosotros estábamos esperando.
Otro inconveniente, es que por las propias características masivas de la radio, los jueces, procuradores, abogados, implicados e incluso agraviados prefieren a veces confiarle valiosa información a los colegas de diario. ¿Por qué? Por varias razones. Una de ellas es porque las reacciones que pueda generar esta información reservada se producen recién con la publicación de la nota, es decir, unos días después; lo que no sucede con la radio, en donde las reacciones son inmediatas. Otro motivo es porque si se la dan a conocer a la radio, todos los medios -sin excepción- lo publicarán al día siguiente, perdiendo así su carácter medianamente exclusivo.
Hay que tener en cuenta al respecto, que para algunos involucrados en temas tan delicados es mejor que uno o dos medios impresos publiquen la información a que lo hagan todos. Otra razón la constituye el temor de la fuente informativa a que se pueda llegar a conocer quién o quiénes brindaron la información, esto es, para algunas fuentes la radio los pone en evidencia más no los periódicos, por considerar que en estos últimos es más difícil que se conozca por dónde se filtró la información.
Finalmente podemos señalar otros dos motivos: el grado de confianza y/o amistad que las fuentes puedan tenerle al periodista y la repercusión que pueda tener el medio de comunicación para el que se labora. No es lo mismo El Comercio que República; tampoco es lo mismo CPN-Radio que Correo.
Otro tipo de restricciones con las que contamos los cronistas judiciales, aunque de carácter técnico, es la falta de un teléfono. Y es que la radio exige rapidez y sin un teléfono con línea libre suele ser muy difícil confirmar las informaciones de inmediato.

Rectificación y cuidado al informar
Las instituciones, las empresas y las personas -sobre todo estas dos últimas- son sensibles a las noticias, peor aún si éstas las afectan. Esto se agrava aún más si son aludidas con informaciones inexactas. Una imprecisión o equivocación en lo contado se traduce en una lesión a bienes como el honor o el prestigio profesional, suficiente para fundamentar indemnizaciones millonarias. Es así como se ponen en marcha acciones judiciales y peticiones de rectificación.
Por ejemplo, si confunde al propalar una noticia sobre el número de camiones recolectores de basura que ha adquirido la Municipalidad de Lima, el alcalde Alberto Andrade puede sentirse fastidiado por la inexactitud. Pero, el perjuicio personal es mucho mayor si por equivocación se le atribuye a alguien la comisión de un hecho delictivo o se le implica en un acontecimiento deleznable y se da como noticia por los periódicos, radio y televisión.
El periodista se enfrenta, entonces, a los famosos delitos por injuria, calumnia y difamación. Esto es, terminará por afrontar una querella y se le demandará por una elevada suma de dinero.
Ahora si tenemos suerte y sólo se trata de un pedido de rectificación estamos obligados a difundirlo. Puede ser a través de un despacho o una nota informativa de dos o tres párrafos. Aquí puedo aconsejarles que no necesariamente en el despacho o en la nota tiene que señalarse explícitamente que se trata de una rectificación. Por ejemplo:
En una oportunidad el abogado del Gral. PNP (R) Alfonso Villanueva Chirinos -uno de los implicados en el caso de los desmanes ocurridos durante la Marcha de lo Cuatro Suyos- nos informó a un grupo de periodistas que el juez anticorrupción Jorge Barreto había suspendido la confrontación que tenía prevista realizar entre el citado general y el ex Ministro del Interior, Gral. PNP (R) Fernando Dianderas Ottone. El abogado nos explicó que la diligencia se había reprogramado debido a que el ex Ministro había cambiado su versión de los hechos. Acotó además que la confrontación se postergó hasta nueva fecha porque Dianderas se había quedado sin abogado. Obviamente que la pepa era que el ex Ministro se retractaba de lo dicho inicialmente en su instructiva, así que por ahí inicié mi despacho. Y como "remate" (último párrafo que debe dar fuerza al despacho) referí que la confrontación no se realizó debido a que Dianderas no contaba con un abogado. No pasó ni una hora de mi reporte y me enviaron una carta de rectificación a la radio, y como era de esperarse no a mi nombre sino al de mi jefe. Yo me enteré de este pedido de aclaración cuando llegué a CPN. Leí la carta en la que me aclaraba que "sí tenía abogado, uno nuevo, quien recién se estaba poniendo al tanto de su caso". En ningún momento se refirió al cambio de su versión de los hechos, que realmente era lo importante. Así que procedí, como es mi obligación, cuando llegan cartas de rectificación a redactar mi nota informativa para que la leyera el locutor en el noticiero: "El ex ministro del Interior, Gral. Fernando Dianderas, acreditó nuevo abogado ante el juez...Se trata de..." Como se puede notar hay casos en la no hay necesidad de dar a conocer explícitamente a nuestros radioyentes que nos estamos rectificando.
Es cuestión de manejar los recursos que conocemos. En mi opinión este ejemplo les advertirá que por más mínima que pueda ser la inexactitud, él o los aludidos tienen el derecho a demandar de nosotros una rectificación.
Otro derecho que también tienen las personas aludidas o afectadas por la información que difundimos es el derecho a la réplica. Esto es, a concederles un espacio - a través de un despacho o una nota informativa- para que puedan brindar sus descargos o en todo caso su versión de los hechos.
El hábeas data también es otro recurso al que los afectados pueden recurrir. Esta acción de garantía pretende resolver los conflictos generados a través de los medios de comunicación social contra el honor y la buena reputación de las personas.
En tal sentido, ante lo expuesto anteriormente es necesario que el cronista judicial sea sumamente cauto con la información que maneja. Se torna imperioso que los periodistas judiciales seamos, sino expertos, al menos conocedores de las leyes y el sistema de administración de justicia. Debemos apuntar a una especialización, puesto que en el periodismo judicial -por estar estrechamente vinculado al periodismo de investigación- es elemental ser acucioso. Y es que, el cronista judicial trabaja con material sensible, por lo que se hace necesario y exigible además del rigor, la exactitud y la profesionalidad.
El rigor informativo es fundamental en este tipo de periodismo, pues los errores que se puede generar causan daños muy superiores a los que se producen en otras esferas. Recordemos, entonces, que al periodista se le conoce por lo último que hace y no por todo lo que ha hecho. Así uno haya sido el mejor reportero de judiciales, basta con que haya cometido una equivocación garrafal para que su credibilidad se vea mellada, o en el peor de los casos, para perder el trabajo.
Otra característica de la noticia judicial es que suscita una gran atención de la población, sobre todo en el ámbito penal. Sin embargo, no por ello vamos a caer en una apología y menos aún en la incitación desde los medios de comunicación a un delito.
Los cronistas judiciales no debemos olvidar que tenemos códigos de ética que cumplir y derechos que respetar.

¿Cómo podríamos mejorar nuestra labor informativa?
Considero que para efectuar una labor más eficiente, nuestra radioemisora tendría que preocuparse por capacitarnos sobre temas jurídicos. Al respecto, es pertinente acotar que lamentablemente en nuestro país no se dictan con frecuencia cursos o seminarios dirigidos a periodistas judiciales, y si se hacen, son anuales, pero no son precisamente los cronistas judiciales los que asisten, pues generalmente, estos talleres se dictan en días y horas en las que estamos laborando. Tampoco se nos dan facilidades para acceder a libros sobre derecho. Por ello, para sortear estos obstáculos no nos ha quedado otra alternativa que preocuparnos por conseguir como mínimo una Constitución y un Código Penal y otro de Procedimientos Penales.
Ya en lo que se refiere a una adecuada explotación del tema judicial, a mi parecer, se debería dar a conocer a través de la radio casos humanos o temas inactuales que por no constituir notas del día son dejados de lado. Dentro de los servicios informativos o dentro de algún programa podríamos promover la difusión de este tipo de informaciones. A partir de la presentación de un caso particular, pero que por lo general se trate de un problema común, se podría diseñar un programa con entrevistas a denunciantes, abogados y autoridades. Sería cuestión de ponerse a trabajar en esta idea para ir perfeccionándola.
En lo que concierne a los casos judiciales sonados, no deberían quedarse en el tintero los detalles de los mismos. Debería ser motivo de comentarios. Los pormenores de juicios en los que están involucrados personajes conocidos despiertan mayor interés que el hecho por sí mismo. Si alguien prefirió abandonar el Palacio de Justicia por la puerta posterior, si salió corriendo para evitar a la prensa, si su seguridad agredió a los periodistas, si se puso nervioso y declaraba con voz entrecortada, etc. Las anécdotas suelen ser siempre jocosas e interesantes.
Respecto a las carencias de índole técnico, la falta de un teléfono con línea abierta y de una movilidad dificultan nuestro trabajo. No podemos comunicarnos con nuestros contactos en el primer caso, mientras que en el segundo no nos permite movilizarnos de un lado a otro. A esto hay que aunarle que, en algunos casos se necesita dinero para comprar resoluciones o expedientes, hecho con el que no estoy de acuerdo, pero que en la práctica existe.
Aquí, también, creo conveniente señalar que equivocadamente se pretende que la radio -CPN, en este caso- compita con los periódicos. Se exige que toda la información que tengan los diarios, la tenga también la emisora. Lo cual es imposible, si tenemos en cuenta que en los periódicos hay unidades de investigación que trabajan temas judiciales. Además, porque muchas veces las fuentes prefieren un diario que una radio para entregar información reservada. Se puede exigir que una radio compita con otra y hasta con los canales informativos, pero con los periódicos y sus unidades de investigación no. La exigencia se debe al diario Gestión, pero aquí surge otro problema, que Gestión por ser un periódico especializado en economía y negocios, es muy difícil que una fuente tenga intenciones de hacerle llegar "exclusividades".
En este aspecto, tampoco se toma en cuenta que a raíz del caso Montesinos se ha publicado una serie de informaciones falsas. Ha habido medios escritos cuyas portadas han sido desmentidas casi todos los días. Entonces, cómo se puede exigir a un reportero que tenga la información que va a publicar mañana un diario, si ésta es producto de la especulación. Si uno difunde la información que estos diarios manejan, corre el riesgo que lo desmientan públicamente.
Estimo también que sería conveniente que los periodistas judiciales se organizaran, se agremiaran en un Círculo, tal y como lo han hecho nuestros colegas del Congreso de la República. Constituyéndonos como un gremio podríamos formular pedidos y obtener resultados con mayor facilidad, haríamos sentir nuestra presencia en ambas instituciones. Ha habido intentos sin éxito concreto alguno.
Asimismo, creo que ya es tiempo que los magistrados sostengan una reunión informal con los cronistas judiciales a fin de conocer y discutir sus problemas en común. Es necesario que nosotros conozcamos su posición, así como es urgente que ellos se enteren de nuestros requerimientos. El diálogo nos llevaría por el camino del entendimiento y de la conciliación, reunirnos no implica concesiones, por supuesto.
En cuanto a las oficinas de imagen y prensa del Poder Judicial y el Ministerio Público, considero que aún están muy lejos de cumplir su función. Nunca cuentan con información oficial, además tampoco brindan facilidades a los periodistas. Peor aún, evidencian sus preferencias con tal o cual medio de comunicación en la dación de información o en la concertación de entrevistas.

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